Viento en el viento |
| Anotaciones, experimentos, apuntes de @juanlumora |
Apoyado en el árbol el colmillo,
con la trompa vencida, inerte, rota,
la mirada perdida, y un idiota
que posa con un dedo en el gatillo.
Por colgar un trofeo en un castillo,
cada vez más de naipes y en las nubes
– bajas bajando y bajas mientras subes –
conviertes la corona en un anillo.
Tú te fotografías con la muerte,
y sales victorioso, o eso crees,
graciosa majestad de blanco guante.
Tu pueblo se desangra sin tu suerte.
Lo dicen los diarios que no lees.
Te importa tu país un elefante.
Yo, alumno privilegiado
del mejor de los maestros,
armador de versos diestros,
de verbo indisimulado.
No lo imagino callado.
Él desata la tormenta.
No hay palabra que no sienta
con su porte casi arábico,
y su nombre octosilábico:
Alexis Díaz Pimienta.
El autobús que lleva al cementerio
va lleno de señoras sin señores.
Les nacen de las manos bellas flores.
Les cae de la sonrisa un aire serio.
La muerte ha sido siempre un gran misterio
que amortaja en el mármol los amores.
Pero siguen la vida y sus colores:
el tiempo es la salida al cautiverio.
No hay soledad que no nos deje huellas.
Y estas mujeres antes de acostarse
notan, de a poco, un frío que les pasma.
Fin de trayecto. Suena el timbre y ellas
bajan, y el conductor las ve alejarse
agarradas del brazo a su fantasma.
Yo soy la cicatriz bajo la herida.
Esqueleto que va pidiendo paso.
Amanecer que nace en el ocaso.
La muerte que vendrá. También la vida.
La pausa tras la prisa detenida.
Soy el eco que llega con retraso.
Un silencio prudente. Un por si acaso.
Un instante sin ahora ni enseguida.
Si me dicen morir, toco madera,
pero no de ataúd, sino de cuna.
Al otoño le llamo primavera.
Si me veo pasar, cambio de acera.
Si me dicen soñar, toco la luna.
Yo soy lo que no soy, aunque lo fuera.
Yo, hielo, no sonreí.
Tápame: el aire soy.
Él. Yo. Valla. Yo, sin ella,
calle ni soy. Allá voy.
Leyó seria. Lee mapa.
Tierno sonó. Leí hoy.
Amad a la Dama Roma,
diosa de la llana cama.
Ron. Aparecerá pene.
Parecerá panorama.
Canalla le das. ¡Oíd!
¡Amor! ¡Amad a la Dama!
Sola te pide la luna.
Y alas de sal. Y al aroma
y la mar, Lear, apriétalos.
O late ir para el ramal.
Y amor, ala. Y la sed, sal
– ay – anula. Le di pétalos.
Estoy envejeciendo,
no sé si dignamente.
Sólo sé que el recuerdo
es más hondo que nunca,
como lo no pensado.
Hay rostros de ceniza.
Se oyen grietas flotando.
Yo soy un espejismo
de vida frente al tiempo.
Si el futuro es la luz,
la luz no es el futuro.
Si el pasado eres tú,
tú no eres el pasado.
Guardo un as en la manga:
es un reloj parado
a las puertas de un verbo
sin conjugar aún.
Se escucha una guadaña.
Viene arañando el suelo.
Cuando ya no se oiga
la estarán sosteniendo
en el silencio previo
al último silbido.
Ha muerto aquel jardín
en el que nos dormimos
una vez cada día,
en mi imaginación,
que es memoria bastarda
pero hermosa.
En paz descansen, pues,
todas sus flores.
La luz llega
como llega la lluvia.
En calma y de improviso.
El sol entero,
después de masticado
por tus dientes de estrella,
hace una sombra húmeda
bajo mis pies mojados.
(Si lloras desde abajo
la vida lo agradece).
Dices amor y agua.
Y vientre y regocijo.
Y analizas el tiempo
que tardan las palabras
en regresar del aire.
Abres una ventana.
Cierras un horizonte.
Sumerges las manos
en los charcos traviesos
de mi boca silente.
Pero en mi boca hay cuevas
y versos que no existen.
Y moscas moribundas.
Y animales heridos.
Sos Eva
A mar de velo emana sabor a rosa. Roma es esa miel.
A miras a su cautelosa dama: Ropa de seda, vanidad, aromas.
¡Dañad! ¿Sería...
Un trueno seco
de triste relámpago
quiebra el silencio.
Tomemos los delirios, uno a uno.
De la urdimbre de verbos desalmados.
(Mientras, las arañas tejen sus costumbres)
Abre la cabra a cuadros.
Y,...
El río envidia al mar
por su bravura.
El mar quisiera del río
la contención.
Ninguno sabe que pese
a sal y dulzura
solo agua son,
...
Nace en el vaho tibio en la ventana,
en el rubor rasgado del cerillo,
en la crepitación de la mañana
que vuela azul y abrasa en...
No sirve que suene lleno
El vaso si no trae agua.
Su tintineo no fragua
La realidad. Yo me apeno
Demasiado. Hasta condeno
A mi alma, que es hipoacúsica
El cielo está soñando que se cae.
Los pinos encanecen en silencio.
El gato se refugia del invierno
junto a tus pies rendidos. No,...
El hielo se derrite
y en la viña dormida
florecen las estrellas
encendidas anoche.
Los buitres pasean en círculos de fuego.
Llueve papel incandescente.
El universo se desborda por una ladera.
Veo arder el...